Muchas son las sensaciones que a veces no podemos argumentar aunque sí notar; una de las que están conmigo desde hace tiempo es que las sociedades del bienestar están modelando un tipo de adolescente bastante individualista y ausente de problemáticas globales o de cuestiones de futuro.
Probablemente, esta sensación no sea cierta, y muchos de los que la compartan conmigo la tengan por determinadas reminiscencias de cambios histórico-sociales, provocados por grupos de personas con medias de edad no demasiado elevada. Pero lo peor de esta sensación, es que viene acompañada de otra que consiste en que los dirigentes políticos de buena parte de las sociedades del bienestar actuales están cada vez más separados de las realidades individuales.
Es decir, los jóvenes se aíslan de todo lo que vaya más allá de sus dos metros cuadrados de entorno vital, y los que tienen mayor capacidad de actuar sobre realidades amplias, son estas las únicas que les preocupan: empresa, macrocifras económicas, etc. Así, creen de forma inconsciente, que teniendo controlados los grandes poderes fácticos y mediáticos (entendiendo el beneficio como medida de control), tienen controlados a los individuos.
¿Qué está pasando en Francia, que tras las revueltas de los jóvenes de clases desfavorecidas, aparece otra que tiene bloqueadas, entre otras cosas, las dos terceras partes de las universidades francesas?
Realmente ni los sociólogos más preparados tendrán una respuesta simple a un problema tan complejo como éste, pero de lo que estoy seguro es que se trata de algo que nos tiene que hacer reflexionar a todos. No está mal comenzar con una visión amplia que, la BBC, nos ofrece sobre la situación de la protesta estudiantil francesa.
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