Internet y menores: el caso MySpace en EE.UU.
Desde casi los comienzos de este blog me vengo ocupando del tema de los filtros de contenidos para el acceso de menores a Internet; hoy NO voy a reiterar mi opinión al respecto volviendo a desarrollar argumentos relacionados con el tema; simplemente me apetece recordaros, a modo de pequeños apuntes, algunas cuestiones que han aparecido por aquí, así como algunas cosas que he leído últimamente sobre el tema; hoy intentaré ser aséptico:
1.- La historia comenzó con la nota “Mejor con las puertas abiertas“, en la que aparece una frase de cosecha propia que ilustra perfectamente mi opinión al respecto: “Aunque las escuelas tienen el imperativo legal de proteger a sus alumnos, es mucho más relevante la obligación moral de enseñarles a protegerse por sí mismos“.
2.- En “Filtros de contenido” contaba una historia verdadera que me ocurrió con un alumno de secundaria, y que desencadenó un fabuloso debate en los comentarios que luego fue sacado a la palestra.
3.- Normalmente, cuando pensamos en los peligros que Internet puede tener para nuestros menores, lo hacemos fijándonos en la cantidad de información basura que tienen al alcance de su dedo índice. Pero por mucho que nos empeñemos, esa información la van a seguir teniendo, es imposible impedirles el acceso a ella, luego tendremos que procurar enseñarles, al menos, qué puede resultar perjudicial para ellos. Si en el Centro disponemos de un buen filtro de contenidos, en casa tienen ADSL en sus cuartos junto a la tele y la videoconsola; si en casa se lo restringen, entonces pillan el ciber con más ganas… ¿sigo?
4.- Ahora, también existen instituciones preocupadas por las personas, que haciéndose pasar por menores, se pasean por las redes de comunicación que frecuentan con intenciones no demasiado lícitas. Parece como si ya hubieran desaparecido los que en las puertas de los colegios regalan caramelos bañados en droga para enganchar a los pequeños (¿han llegado a existir?) y ahora todo el mal del mundo viniera desde la Red. De hecho, un congresista estadounidense está promoviendo un proyecto de ley que impida el acceso de los menores a espacios como MySpace desde los centros educativos o bibliotecas. En concreto, podría llegar a prohibirse, en espacios sostenidos con fondos públicos, el acceso a sitios que permitan a los usuarios la creación de páginas web con información personal, u ofrezcan mecanismos de comunicación con otros usuarios, como foros, salas de chat, correo electrónico o mensajería instantánea. Por supuesto, colectivos de profesores han salido a la palestra de inmediato en contra de esta Internet descafeinada, que impediría desarrollar numerosos procesos de intercambio e interacción social; incluso mostraría una cara estática de Internet que impediría a los docentes enseñar a los alumnos a defenderse en las redes sociales que tan extendidas se encuentran hoy en día. De hecho, en el aprendizaje del siglo XXI son ya fundamentales la capacidad de construir conexiones, desarrollar ideas compartidas e intercambiar informaciones mediante mecanismos efectivos.
5.- Independientemente del error que puede suponer limitar el acceso a espacios compartidos a nuestros menores, no se nos puede escapar que a lo mejor estamos intentando ponerle puertas al campo. De hecho, los menores americanos ya han adoptado como deporte nacional el reírse de los filtros de contenidos que se encuentran en sus cortafuegos.
6.- ¿Y si alguno de nuestros padres nos denuncia porque su hijo ha accedido a contenidos no adecuados desde algún equipo del Centro? Pues nada, que después de recibir tabaco en la cárcel, intentaríamos convencer al padre de que su hijo ha contravenido una norma del Centro y que a pesar de ello le hemos intentado conculcar que Internet es la más poderosa herramienta que jamás ha estado a su alcance para construir su propio conocimiento… pero vamos, también le preguntaría ¿es que usted nunca ha llevado un “Lib” en la mochila al instituto? a lo que seguramente me responderá con otra denuncia
Pues va a ser que al final no he sido demasiado escéptico, ¿no?
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