Efectivamente, es muchísimo mejor que antes, más estable, más robusto, más amigable, más sólido, más fácil de instalar y usar, más potente y mucho más intuitivo.
Hasta hace muy pocos meses, cuando un usuario informático básico quería adentrarse un poco en el mundo del software libre, la experiencia solía desembocar en una inmediata frustración ante los niveles de conocimientos necesarios o la corta calidad de los paquetes de programas existentes.
Abordar la instalación de cualquiera de los sistemas Linux existentes requería de unos conocimientos técnicos bastante avanzados, así como tener a mano unos cuantos foros a donde acudir para intentar resolver la multitud de problemas que solían aparecer. Además, si el comienzo se hacía a través de procesos más sencillos como la instalación de algún programa, la desilusión no tardaba en aparecer por la escasa calidad del mismo. Aún así, sumergirse en el mundo del software libre merecía la pena para muchos por el espíritu que envolvía todo, haciendo de la generosidad y el trabajo en equipo su principal atractivo.

Estos valores añadidos siguen estando vivos en el mundo del software libre, pero esa dificultad y ausencia de calidad son ya historia. Instalar un sistema operativo libre de los de ahora (Guadalinex v4, Max 3.0, Edubuntu 7.04, etc.) es una operación que se completa en apenas 10 minutos sin tener que responder a casi ninguna pregunta y el uso de paquetes ofimáticos como OpenOffice 2.2 te hace olvidar otras soluciones propietarias en pocos minutos.
De siempre me ha gustado recomendarle al personal que se pase al software libre, a pesar de saber la dificultad que suponía. Sin embargo, hoy por hoy, mi conciencia se queda mucho más tranquila cuando te digo que no esperes más, SALTA AL SOFTWARE LIBRE.
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