Aprendizajes COVID-19

Soy afortunado de haber podido participar junto a otros docentes y amigos en un artículo de la publicación Educación 3.0, de nombre «Educar en tiempos de crisis» (acceso gratuito bajo registro). Para mi, participar en este tipo de cosas siempre ha supuesto un pequeño frenazo para la reflexión; escribir sigue siendo para mi la única manera de ordenar mis ideas, dando paso a su vez a otras muchas. Aunque el artículo tiene en sí mismo una visión mucho más completa y de calidad, comparto aquí mis reflexiones en bruto, de la que se han extraído las ideas para el artículo:

P – Parece evidente que aquellos que todavía ponían algún ‘pero’ al uso de tecnología (como los móviles) en la educación en general se quedan sin argumentos (dada la situación vivida)

R – No hacía falta un confinamiento global para refrendar la necesidad e importancia de la tecnología en el mundo educativo. No me gustaría que después de esto quedara una mirada hacia la digitalización de la escuela como un arma contra situaciones especiales. Sí quiero que después de esto, las comunidades educativas hayan sido capaces de confiar en la tecnología, ver que amplifica la comunicación, facilita ciertos aprendizajes y ayuda a integrarlos en los hogares.

P – ¿Cómo valora el papel de los docentes en esta situación en la que de la noche a la mañana han tenido que desarrollar toda su capacidad profesional (programar actividades, dar apoyo a su alumnado…) como sus habilidades emocionales (tener empatía, dar ánimos, comunicarse con las familias…)?

R – En muchos casos, los docentes se han vistos obligados a tirarse a una piscina sin agua y sin conocer la profundidad que tenía; pero se han puesto los manguitos y en dos días estaban funcionando los grupos de WhatsApp, los Classroom de Google, las Moodle, los iPasen, las videoconferencias… El alumnado se ha podido sentir confundido en algunos casos puntuales, pero solo desde luego que no.

Precisamente se ha producido un efecto rebote de agotamiento en el profesorado a los diez días de iniciarse todo, la mayoría ha tenido que reajustar los procesos, aflojar la marcha, repensarse. El aprendizaje individualizado se hace realidad cuando media la tecnología, y la carga de trabajo que produce es muchísimo mayor, difícil de sostener si no se gestiona de forma eficaz.

Cuando toque evaluar lo sucedido, habrá que gastar algún rotulador en subrayar el apartado de la coordinación; la ausencia de ella ha ocasionado algunos desajustes iniciales que han provocado un exceso de actividad en el alumnado. Debemos extraer muchos aprendizajes del Covid-19, el más importante tendría que ser la resurrección del trabajar juntos, de la coordinación, ayuda, colaboración; creo que nuestra sociedad nos estaba llevando a un individualismo extremo que también se refleja en el sistema educativo.

Aún así, los docentes españoles lo están dando todo, lo he visto y vivido estos días. Recibirse en Andalucía más de veinte mil solicitudes para un curso de formación voluntario, sobre una plataforma nueva es algo increíble; estamos ayudando a formar a los ocho mil primeros y está siendo una experiencia que no olvidaré.

P – ¿Puede ser el ‘germen’ para que la sociedad reconozca (por fin) su valía y la importancia de su papel y su rol como guías o entrenadores para su alumnado?

R – En estos días muchos docentes han entrado en la casa de su alumnado, las familias los han visto ayudarles por videoconferencia, atenderles por WhatsApp, escribirles animándoles a aprender, mandándoles soluciones a problemas de todo tipo.

Soy testigo de muchas videoconferencias de docentes con su alumnado cuyo único objetivo es escucharles, captar estados de ánimo, estar a “su lado”. Los centros han hecho vídeos muy humanos y escrito alegatos cargados de inteligente emoción.

Ojalá todo esto sirva como germen de reconocimiento social de la función docente, pero ojalá también para que desde los centros comprendamos la verdadera importancia de estar cerca de las familias.

P – ¿Esta situación nos debe/puede ‘servir’ para mejorar todo lo relacionado con infraestructuras, conexiones, brecha digital… y conseguir así una educación universal (familias inmigrantes, con pocos recursos, con poca competencia digital…)

R – Será otro de los aprendizajes que será de obligado cumplimiento, conocer exactamente la brecha que este letal bichito haya podido producir entre el alumnado menos favorecido. Sabemos que cada vez son menos los chavales y chavalas no conectados, pero en una situación donde el trabajo se debe realizar de forma completamente autónoma la brecha es brutal; hay menores sin apoyo en casa, sin un lugar donde sentarse tranquilamente a trabajar, rodeados de conflictos familiares. Ahí es donde nuestra sociedad debe actuar; proporcionarles una tableta con Internet es caro pero fácil, estar a su lado cuando lo necesiten muy complicado. No me sirve una sociedad que proporciona tecnología como paño caliente, debe ofrecerla porque al otro lado del aparato hay alguien cerca.

P – Partiendo de la premisa de que debería darse ‘continuidad’ a programas como ‘Escuela 2.0’ y continuar digitalizando colegios, mejorando la competencia digital docente… ¿Cuáles son los pilares de un plan de alfabetización digital docente?

Seguimos formando en herramientas, es inconscientemente lo más cómodo para formadores y docentes. Seguimos sin dar el salto metodológico necesario, ni en formación inicial, ni continua. La consecuencia es que siempre se intenta adaptar la tecnología a nuestra práctica, tal y como la concebimos desde siempre, lo que genera cierta frustración e ineficacia.

Es posible que un plan de alfabetización digital docente deba venir precedido de algún plan anterior, que permita un mejor encaje entre tecnología y práctica en el aula.

Debe ser un cambio progresivo, de lo contrario producirá rechazo, como ya ha ocurrido en muchas ocasiones. Procurar que un docente aferrado a su libro de texto salte en un par de semanas a un trabajo por proyectos interdisciplinares apoyado en tecnología puede estar abocado al fracaso.

Pero si reconoce en la novedad una forma efectiva de coordinarse con sus compañeros de ciclo o departamento, o una forma de proponer tareas diferentes con las que el alumnado se sienta más cómodo, o un medio mediante el que las familias se puedan convertir en aliados en la formación de sus hijos e hijas, entonces será más fácil avanzar.

Por aportar algún pilar más, a riesgo de pecar de trivial, aprender a planificar nuestra actividad docente de forma eficaz y en colaboración es esencial. Creo que la tecnología debe aparecer en el aula con cierta intencionalidad, sabiendo qué criterios de evaluación vamos a atender y, a ser posible, conociendo previamente las evidencias científicas que apoyen lo que hacemos.

Innovar por innovar, sin producir mejora no es conveniente, trabajamos con personas y cuantos menos errores cometamos mucho mejor.

P – ¿Qué aspectos considera clave se deberían cambiar en el sistema educativo después de la situación vivida?

R – Solo uno, el que muchos llevamos rogando desde hace décadas como vital: que la educación deje de ser un elemento de reafirmación política o ideológica. Que nos demos cuenta de la importancia de consensuar Leyes estables, de remar en la única dirección posible, la de la mejora de nuestro sistema educativo. Ojalá que junto a nuestro sistema sanitario público, el educativo sea una prioridad nacional como garantía de futuro a partir de ahora.

A partir de ahí, pienso que todo vendría solo, que no es poco sobre lo que hay que trabajar.

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