Automatizando la educación

El proceso formativo de una persona con poca edad está muy ligado a su proceso educativo; intentar sistematizar las cosas más de lo preciso nos alejará de la dimensión educativa del asunto y nos hará tratar al alumnado más como a clientes o proveedores que como a personas.

En la medida que la legislación educativa ha ido complicando las estructuras curriculares, las editoriales han ido haciendo paralelamente el trabajo de programar por nosotros; hacer una programación didáctica de aula al gusto de los servicios de inspección se convierte a veces en un trabajo de ingeniería, aeronautica diría yo. Aprovechando esa incertidumbre de muchos docentes y las pocas ganas de algunos de ellos, las editoriales de libros de texto han hecho el trabajo por nosotros y nos sirven en bandeja las programaciones ya elaboradas, para quien quiera «copipastearlas», lo que implica la aceptación completa de la propuesta editorial concreta.

Incluso hasta tenemos ya generadores automáticos de programaciones por competencias, programas informáticos en los que introducimos unas variables iniciales y se nos devuelve una programación ya elaborada que ¿permita atender a nuestra cartera de clientes?. Probablemente sea un sistema bueno y eficaz a la hora de programar, y dé respuestas a las exigencias que los sistemas demandan del profesorado. Pero desde luego, si como padre tuviera que elegir a la maestra o maestro de mis hijos por lo que programen, no tengo dudas de con qué tipo de docente me quedaría: 1 y 2.

 

 

¿Se puede rizar el rizo aún más? Pues sí, por ejemplo podemos analizar diferentes parámetros observables y objetivizables para identificar el nivel de engaño o gravedad que un alumno está desarrollando sobre su malestar corporal… análisis del estado y color de la sangre vertida, el tipo y momento del vómito o situación ante el dolor. Que sí, que seguro es útil también incluso en cuestiones relacionadas con la seguridad laboral o de las personas, pero a mí me da que con todo esto estamos desnaturalizando un poco las cosas. Es verdad que el proceso educativo de una persona es extremadamente complejo y no debería dejarse en manos del azar, pero «el acto educativo» en sí, en un momento y lugar determinado es algo muy sencillo y personal que no deberíamos complicar más de lo preciso.

5 comentarios en «Automatizando la educación»

  1. He visto expresados mis pensamientos y sensaciones como jamás, hubiera podido expresar. Dan ganas de hacer copias del artículo y sus adjuntos, firmarlas y mandarlas a nuestra ilustre consejería de papeles varios, para ver si alguna vez se enteran esos privilegiados diseñadores de curriculums que nadie comprende y aplica. Así nos va. Muy bueno.

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  2. Yo soy incapaz de decirte ahora mismo lo que siento porque no encuentro parámetro que me asista en la medición del tamaño y espesor de los dos lagrimones de ternura y agradecimiento que me han caído al leerte.
    Hay un truco que a mí me funcionó siempre, desde que empecé a trabajar de maestra y me di cuenta de lo ignoranta que era: pensaba en qué me gustaría que hiciera mi maestra por mí, si yo fuera la alumna.
    Después fui madre y resultó más fácil aún: cuando me atasco con algo en la clase, o algún niño o niña hace algo que, como persona corrientita que soy, me molesta y me saca de quicio, pienso en qué me gustaría que hiciera la maestra si ese niño o niña fueran mis hijos.
    Yo sé que hay gente que piensa que no programar el minuto (como si se pudiera, jeje) es dejarlo todo al azar, que «con mis hijos no se experimenta», y ni siquiera se dan cuenta de que, como padres, hacen cada día, cada minuto, eso mismo: experimentar. Porque nadie nace sabiendo (menos a ser padre o madre) y además, la vida es un puro experimento, una cajita de sorpresas capaz de inventar una competencia básica al día 😉
    Y ya está, que me enrollo like a persiana.
    Que la culpa de que yo escriba en un blog sobre lo que hago o que tenga Twitter sea en gran parte tuya, tampoco estaba programado, y sin embargo no será ni casualidad, palmeño ;´)

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  3. Me metí en el mundillo de las TIC huyendo de la burocracia pedagógica, buscando práctica viva, pura y dura. Como dices, tarde o temprano, la burocracia nos llega, estemos donde estemos, y que nos pille confesados. Nunca he encontrado sentido a las programaciones basadas en los currículos, pues ninguna tiene en cuenta lo que se vive en el aula, pura emoción. Hay que programar el día a día, pues los alumnos cambian a cada momento en función de variables que escapan a «generadores» y a «ítems».
    En fin, que me ha gustado que aparecieses para decir algunas cosas claras.

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  4. Yo cada vez me convenzo más de que esto de la educación se parece a la medicina. Habrá una ciencia fisiológica, y análisis, y datos estadísticos. Pero al final cada enfermo es un mundo y cada médico es un artesano (artista = técnico) que aplica estrategias (anámnesis, reconocimiento, despistaje) que no funcionan sin intuición. Claro que estoy hablando en griego.

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