Lo que he aprendido como docente

Lo que he aprendido como docente

Después de 25 años trabajando como docente me pregunto qué es lo que he aprendido. Lo sé, es un lío plantearse eso, pensaré solo en seleccionar una cosa, intentar describir “la lección“, plantarme en lo más importante que está en mi mano poder hacer.

Y sí, Escuchar es la clave para producir aprendizaje en un aula. Escribirlo con mayúscula inicial implica no sólo usar las orejas, también hay que tirar de…

  • Oído para intentar interpretar lo que nos están contando. El ruido y el desorden no son buenos aliados del aprendizaje, pero el silencio continuo y forzado tampoco. Debe existir equilibrio, tenemos que oír mensajes para saber cómo van las cosas.
  • Vista para apreciar las dificultades, sentimientos o alegrías que presenta el otro. Hay que mirar mucho, incluso cuando la situación no es propicia y nos apetezca hacerlo hacia otro lado.
  • Tacto para provocar confianza, no solo lo que vienen a ser andar con tacto, también tocar cuando sea necesario, que tenemos miedo a hacerlo de forma sencilla. Una mano en el hombro o sobre un antebrazo puede ser lo único que necesita nuestro interlocutor, mucho más que lo que tengamos que decir. Ese tipo de gestos son escuchados, siempre, seguro.
  • Cabeza para girar y cambiar nuestra práctica en las aulas cuando nuestra Escucha nos lo indica. Los sentidos nos permitirán Escuchar mensajes, pero no basta con entenderlos y almacenarlos, deben producir cosas.
  • Alma para hacer las cosas de manera honesta. Acabo de descubrir que, cuando uso la pizarra para hacerles un problema, de unos años para acá me pego mucho a esa herramienta, casi no estiro el brazo, me mancho el hombro con el polvillo de los rotuladores. Lo haré mejor o peor, ellos dirán, pero cariño le pongo mucho.

Aunque no tiene nada que ver con esto, me gusta mucho este texto de Maya Angelou sobre aprendizajes:

Ella dijo:

He aprendido que cuando decido algo con el corazón abierto, usualmente acierto.

He aprendido que mi sufrimiento no debe provocar sufrimiento en los otros.

He aprendido que todos los días deberías acercarte y tocar a alguien. A la gente le encanta un cálido abrazo, o simplemente una amable palmada en la espalda.

He aprendido que todavía tengo mucho que aprender.

He aprendido que la gente olvidará lo que dijiste, también lo que hiciste, pero nunca olvidarán cómo les hiciste sentir.

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