Televisión, televisión, televisión

El día se presentaba normal pero el almuerzo, de manera excepcional se desarrollaba en el salón, prescindiendo de la comodidad que nos brinda la cocina a la hora de recoger. Pero ese día no pude recoger, no podía; alguien con gran amabilidad lo hizo por mí a sabiendas de que algo no iba bien.

Sentía que mi mirada aparecía fijada en el infinito a pesar de que a medio camino entre la inmensidad del inmedible y yo permanecía una televisión, completamente sorprendida e incrédula de haber sido capaz de captar de esta manera mi atención. Mi nariz, a duras penas, podía desviar la perpendicularidad con la que se postraba ante la caja tonta; hasta mear se convirtió ese día en un martirio casi mediaval…

…y así fue todo durante muchas, pero que muchas horas. No sé, probablemente eran las 3 de la madrugada cuando me rendía ante la evidencia que cada vez era más irrefutable: no se trataba de una ficción.

No se trata de una parrafada de novela de segunda; doy respuesta a la pregunta del amigo Mario: ¿Dónde estabas el 11 de septiembre de 2001?

4 comentarios en “Televisión, televisión, televisión”

  1. Aníbal, ya está publicado el post, con el nada original título de «Abandono escolar» 🙂
    Disculpa el atrevimiento de un profano total en la materia… que además ha dejado de lado un montón de factores que sin duda debería haber tenido en cuenta en un análisis serio de la cuestión.
    Un abrazo!

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  2. Gracias por el comentario, Aníbal [y disculpa por dar la lata con memes]. Por aquél entonces no te conocía, ni a tí ningún otro blogger, y pensé que me gustaría saber cómo habiáis vivido ese día de espanto.

    Por cierto, escribo en unos días sobre abandono escolar. Me encantará escuchar lo que tengas que decir del tema 🙂

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